Angélica Otazú – « La masculinidad en la tradición religiosa guaraní »

4. División sexual de trabajo

En la cultura guaraní, la comunidad presenta un reparto de tarea basada en la división sexual de trabajo, pues, hay tareas bien definidas, reservadas solo para varones y solo para mujeres. En ese sentido, tradicionalmente, es el varón quien sustenta a la familia con sus trabajos de la chacra y otros quehaceres. Los Paĩ Tavyterã realizan diversos tipos de actividades, y se distinguen, claramente, cuáles son propiamente de los varones y de las mujeres; de acuerdo a las investigaciones de antropólogos contemporáneos:

‘Los hombres se encargan de los trabajos pesados en la chacra (echar árboles, quemada, corpida, carpida), plantan avati tupi (maíz tupi), pakova (banana), mamóne (papaya), arroz, petỹ (tabaco) y usan la máquina. Ellos se van a la caza, buscan miel, ka’a (yerba mate) y leña y son responsables de los chiqueros, cercos, sogas corral, carritos, cuidado de animales domésticos mayores y edifican casas. Además fabrican arcos y flechas, cestos, yrupẽ (cedazo), piolas de karaguata, el mimby (flauta), mbaraka (maraca, sonaja), apyka (banquito), kaguĩ ryru (vaso para chicha), angu’a (mortero), avati soka (mazo), etc.’[11]

Las mujeres, en cambio, cuidan del hogar y de los hijos, aparte de colaborar también en la siembra de avati morotĩ y la recolección de las frutas silvestres y miel, se dedican a la confección de artesanía, entre otras actividades. Las mujeres, en las comunidades Paĩ de la actualidad, ‘son responsables de la producción de cerámica y tejidos y plantan avati morotĩ (maíz blanco), jety (batata), kara (un tubérculo), etc.’[12] 

Sin embargo, se reconoce también que hay cierta corresponsabilidad en algunas actividades, donde hombres y mujeres interactúan, así por ejemplo, ambos ‘pescan, cosen ropa, plantan kumanda (poroto), mandi’o (mandioca) y takuare’ẽ (caña dulce), recolectan frutas silvestres e ysa, llevan cargas, cocinan y cuidan animales domésticos como chanchos, gallinas y patos […]’[13]. De esta manera, se podría decir que se da un equilibrio en las tareas consideradas del hogar.

Los respectivos roles son observados y asumidos gracias a un mecanismo, que ejerce la comunidad sobre los miembros; pues, la misma emplea un estricto control para preservar y dinamizar dicha tradición. Los miembros aprenden a respetar el rol de cada uno, obviamente, sin entrar en conflicto o en una rivalidad, es decir, los correspondientes roles no son objetos de cuestionamiento, pues, no existe una disputa en torno a ese tema. Los varones no participan en actividades estereotipadas como las de mujeres.

Los mecanismos de control se obtienen, a través de prohibiciones que están implícitamente en los refranes y creencias de cada comunidad, como el mbora᾽u, agüero. Asimismo, se incentivan en los sermones de los chamanes y se dinamizan en las conversaciones y convivencias entre padres e hijos; se transmiten normalmente de forma oral de generación en generación. Se aprende además con la convivencia y el testimonio de los adultos.

Hay anécdotas, que los ancianos comúnmente cuentan a los más jóvenes, con el fin de hacer conocer y fomentar las costumbres ancestrales, al tiempo de llegar a descubrir su propia identidad y comprender la importancia de pertenecer a la comunidad. Así pues, las transferencias de la estructura de la cultura y tradición forman parte de la educación de los niños y jóvenes. Es la forma de custodiar por la formación de la identidad de la población y proyectar el futuro de la comunidad.


[11] Melià y Grünberg, Los Pãi Tavyterã, pp. 112–113.

[12] Melià y Grünberg, Los Pãi Tavyterã, p. 113.

[13] Melià y Grünberg, Los Pãi Tavyterã, p. 113.

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