Concilium

Atilano A. Ceballos Loeza – « Resistencia espiritual de los pueblos originarios »

Atilano A. Ceballos Loeza

« Resistencia espiritual de los pueblos originarios »

Geraldo de Mori, Michel Andraos, Bernardeth Caero Bustillos

Concilium 2019-4. Christentum und indigene Völker
Concilium 2019-4. Christianities and Indigenous Peoples
Concilium 2019-4. Cristianismos y pueblos indígenas
Concilium 2019-4. Popoli indigeni e cristianesimi
Concilium 2019-4. Les peuples indigènes et le christianisme
Concilium 2019-4. Povos indígenas e cristianismos


1. Introducción

Al iniciar la lectura comunitaria de este trabajo, a manera de altar, se coloca una ofrenda de flores y fotografías de mártires que han defendido la madre tierra.

“Unas voces nos honran, y otras nos insultan; recibimos tanto críticas como alabanzas. Pasamos como mentirosos, aunque decimos la verdad; por desconocidos aunque nos conocen; nos dan por muertos y vivimos; se suceden los castigos y todavía no hemos sido ajusticiados. Nos creen afligidos, y permanecemos alegres. Tenemos apariencia de pobres y enriquecemos a muchos; parece que no tenemos nada y todo lo poseemos” (2 Cor 6,8-10).

Bien pudieran ser utilizadas estas palabras neotestamentarias para hablar en esencia de la identidad y contribución de nuestros pueblos originarios o primeras naciones, que se asentaron hace ya miles de años en estas tierras amerindias. Quiero compartir desde una mirada ecoteológica, lo que a mi entender, es uno de los aportes más genuinos de nuestros pueblos, que enarbola sus luchas de resistencia, reivindicación y aspiración a una vida sana y digna. La cual no está destinada solo para ellos sino para todos los seres vivos: agua, montañas, valles, aves del cielo y animales de los montes. La fuerza espiritual de nuestros pueblos se manifiesta en todas las acciones de vida, sin embargo, se expresa con toda su integridad en los ritos y ceremonias, enseñanzas y narraciones que aún se trasmiten y contribuyen a la cohesión social, ambiental, identitaria de nuestros pueblos. Por eso, no sorprende que la espiritualidad indígena y campesina está fuertemente arraigada en la tierra y en sus semillas, en el monte y sus “dueños”[1], en los vientos y los ciclos del agua, por mencionar algunas realidades.

Abordaré las atrocidades que han sufrido y siguen sufriendo nuestros pueblos y comunidades, como ser la erosión de la tierra y del territorio, pero también trataré sobre los saberes y prácticas agrícolas, de las cuales se ha aprendido mucho para llevar una vida digna. El Antropoceno y su estela de muerte y destrucción erosiona incluso la espiritualidad en nuestros pueblos, ya que existe una estrecha relación entre las semillas, la siembra, los ritos y las celebraciones, las comidas, las fiestas y las ceremonias.

Finalmente comparto la visión de futuro y esperanza, que nuestras comunidades ofrecen al mundo de hoy y la necesidad de una urgente conversión de las Iglesias a la causa indígena y su espiritualidad. En la iglesia católica, recién en el 2015, el magisterio oficial aborda con claridad este llamado con la fulgurante publicación de Laudato si’. Algunas iglesias locales y/o diócesis supieron responder con antelación a los desafíos medioambientales y persecuciones étnicas. Las iglesias ortodoxas en cambio tienen un largo recorrido[2].

2. Ritos y ceremonias

En esta parte de la lectura se ofrenda: jícaras, semillas, incienso, polen, frutas.

Tres días después del solsticio de verano, la comunidad de Tipikal Yucatán, México se reúne para celebrar puntualmente la fiesta del P’aa Puul[3], donde el agua y los animales relacionados con el agua, como ser la serpiente y la iguana, juegan un papel importante. La imagen de San Juan Bautista, aquel que convivió con el agua, preside este rito agrícola y de fertilidad. Un antiguo libro maya[4] conserva imágenes de divinidades vertiendo este líquido vital.

Cada 15 de agosto, a un costado de la iglesia católica, se congrega todo el pueblo de Zía Nuevo México, Estados Unidos, para su fiesta tradicional. Un gran número de personas mira y contempla la danza, acompañadas de atavíos e instrumentos sonoros, acompasados por gesticulaciones guturales, que los actuales pobladores continúan realizando año tras año. Estas festividades, que los pueblos llaman “días de fiesta”, en el sentido de festividad comunitaria, comida, convivio y tradición, solo es permitido llevarla en la mente y en el corazón, ya que está prohibido documentarla de cualquier otro modo. El símbolo, que ancestralmente utiliza este pueblo, es el padre sol y sus rayos partiendo hacia los 4 rumbos; este número es sagrado para el pueblo Zia. La influencia española dio lugar al establecimiento de una iglesia católica y un convento de 1613, suprimiendo de esta manera prácticas religiosas tradicionales Zia. Esta persecución desencadenó la rebelión de los pueblos de 1680.

La isla de los Alacranes, en el agonizante lago de Chapala en Jalisco, México, alberga un pequeño santuario, donde el pueblo Wirrarica se reúne cada año para celebrar la aurora, el amanecer, la irrupción del astro en el firmamento. Los cánticos, oraciones y sacrificios se prolongan toda la noche. La comunidad, encaramada en esa enorme laja de piedra, liderada por el Marakame o sacerdote de esa nación, exulta de felicidad cuando las tinieblas se doblegan con los primeros rayos del sol. Al finalizar la ceremonia se enciende al “abuelo” fuego sagrado y se finaliza colocando velas encendidas al interior del santuario sobre una piedra llamada Enakabé o Madre de la Naturaleza, quien escucha las súplicas de todos y todas.

Otros espacios sagrados son las hermosas y evocadoras Kivas (edificaciones ceremoniales construidas circularmente bajo tierra), las montañas, cuevas, los cenotes y las sementeras del pueblo Laguna en Nuevo México; cuyos pobladores van recogiendo mañana tras mañana y con delicada secuencia el polen del maíz, para honrarlo y lanzarlo a los vientos, en señal de fecundidad.

Algo parecido sucede con la sabiduría ancestral o mitos. Las narraciones antiguas han sido cultivadas por generaciones y se mantienen actuales en nuestros pueblos. Hay una cantidad ilimitada de narración oral que contiene sabiduría, teología, misticismo, en una palabra espiritualidad. Señalo dos narraciones que se encuentran en varios pueblos originarios. El gemelazgo, por ejemplo es un tema recurrente entre los pueblos milenarios. Los abuelos y abuelas mayas Kichés nos legaron las icónicas figuras de los héroes gemelos descrita en el Popol Vuj, quienes pasando diversas pruebas, inclusive la muerte, logran salir adelante en el juego de pelota. Los gemelos tuvieron que pasar por peces y ancianos, antes de convertirse en los dos principales astros que gobiernan el día y la noche. En Japón, los Sintohistas hablan de unos gemelos quienes se encargaron de la creación de la primera tierra: Izanagi e Izanami. Algo similar se encuentra en los pueblos originarios del Paraguay con el Mito de los Gemelos: Ñanderuvusú, quien llevaba el sol en el pecho y comenzó a hacer la tierra, y Ñanderú Mbaekuuá. En la Biblia, según Luis Alonso Schökel[5], el nacimiento de gemelos es algo portentoso y sorprendente, tal es el caso de Esaú y Jacob, que finalmente simbolizan dos pueblos.

Para los pueblos milenarios la dualidad y la complementación son el resultado de la existencia del otro; existe la complementación porque hay otro. La alteridad cósmica es el fundamento de la espiritualidad y de la cosmovisión. El Papa Francisco lo señala de este modo: “La casa común de todos los hombres debe también edificarse sobre la comprensión de una cierta sacralidad de la naturaleza creada”[6].

La narración de las tres hermanas – tal como lo acuna la nación Oneida – sorprende, ya que trasciende fronteras y tiempos. Al norte de los Estados Unidos en el área de Green Bay se narra la presencia de tres hermanas que se ayudan entre sí. La mayor es alta y esbelta, la segunda pequeña y siempre muy cercana a la primera, que se acurruca en el cuerpo de la mayor, y finalmente la hermana menor, aunque distante a las primeras, sin embargo siempre dispuesta a defenderlas de cualquier peligro. La nación Oneida le llama a la mayor Maíz, a la segunda Frijol y la tercera Calabaza, que son las tres semillas base y fundamento de la milpa mesoamericana, cuya presencia se percibe en casi todo el continente. En el mito de los gemelos del pueblo Guaraní, se dice también que uno de ellos (Ñanderuvusú) hizo una chacra (milpa) y comía del maíz verde. En otro trabajo[7] señalo estas intuiciones trinitarias entre las naciones originarias. La teología de nuestros pueblos se hace sobre la tierra, la sementera y sus semillas, no en un aula. A finales de 2015, junto a la Coordinación Ecuménica de Teología India Mayense publicamos un texto: “El aroma de las flores en la Milpa Mayense”[8] como ofrenda de nuestro caminar teológico.

Un dato importante que se puede inferir en la espiritualidad de las naciones originarias, sobre todo de aquellas que tuvieron poca influencia cristiana, es la identificación de la naturaleza como espacio sagrado, donde se revela el panteón divino. La divinidad está en la lluvia y el viento, en el rayo y el sol, a diferencia de la identificación de la divinidad cristiana, que vive y está en los cielos pero se encarna en la persona de Jesús.

Los pueblos originarios de todo el continente hablan cotidiana y familiarmente con Dios, le susurran palabras y cánticos, le imploran con plumas de aves multicolores y se pintan cara y cuerpo para ser más fácilmente reconocidos por las divinidades. Ellos ven constantes hierofanías de su divinidad: en el maíz y en el frijol, en la calabaza y en el viento, en las montañas sagradas y en las cuevas, en el ondulante humo que se eleva a lo alto, o en el ciclo constante de la vida, en los vientos y sus rumbos o en el crepitar del fuego sagrado.

El principio y fundamento de la espiritualidad indígena se basa en la alteridad. Para los pueblos originarios los distintos elementos de la naturaleza, como ser agua, viento, sol, nubes, etc., son “el Otro” y establecen con ellos un diálogo reverencial; es más, las comunidades se fortalecen en la medida que se reconocen distintos. La gran interrogante que se plantea Byung-Chul Ham, uno de los filósofos más influyentes contra el neoliberalismo, es: ¿Todavía existe el otro? Para los pueblos originarios la respuesta es categórica: ¡Sí! Tenemos que reconstruir desde nuestras comunidades mayas, tzoziles, lacandonas, quechuas, aymaras, etc. una espiritualidad fundada en el Otro, ya que para nuestros pueblos el “Otro” (con mayúscula) es la divinidad, quien se hace llamar Corazón del Cielo, Corazón de la Tierra, presente en todos y cada uno de los elementos de la creación; al defenderlo nos defendemos y nos hacemos más humanos y creyentes.

3. Colonización y neocolonización

En esta parte proponemos colocar en el altar símbolos de dolor y opresión: látigos, cuerdas, botas, espinas, entre otros.

Los atropellos que han sufrido los pueblos originarios o primeras naciones han sido constantes y sistemáticos. Los que vinieron de fuera dejaron un legado de muerte y destrucción; muerte no solo de distintos y varios grupos étnicos, sino de su entorno y sus territorios ancestrales, de sus saberes y conocimientos. Numerosas ceremonias y ritos fueron condenados a desaparecer; hay fuentes coloniales escritas donde se prohíbe realizar ceremonias en campos y montes y dejar de elaborar bebidas rituales y sagradas para nuestros abuelos y abuelas, como el Balché[9] en el territorio maya.

La consigna inicial de la colonia era erradicar la idolatría y hacer a un lado a los Ah Menes o sacerdotes mayas. En el altiplano central de México y en el Perú la consigna era la misma: acabar y en el mejor de los casos reducir al indígena y controlar todas sus manifestaciones culturales, artísticas, espirituales, gastronómicas, etc. En las tierras mayas del sureste de México resultó muy controversial los “autos de fe” encabezados por Fray Diego de Landa durante la colonia. Entre los múltiples testimonios de los sentenciados podemos encontrar algunos como este: “Fuéle preguntado que cuando estaba con aquellos ídolos qué adoración les hacían y qué palabras les decía. -Dijo que estaba sentado en su modo y que les invocaba y llamaba dios de la majestad. Preguntando qué les pedía a los ídolos que llamaba dioses. -Dijo que les pedía venados para flechar y que no se los dio, y que él no pedía para las milpas porque no es milpero, sino para la caza porque es cazador y deseaba que le hiciese buen cazador. Y que después de hacer aquella adoración, que vio aquellos pájaros y los flechaba. Y antes que fuese bautizado sacrificó y sacó cierta sangre de su natura y la echó en el suelo, y que los pájaros que mató les sacrificó la sangre de ellos y le untó al demonio sus ídolos. Y así mismo tornó a declarar que la sangre de su natura que había dicho que la había echado en el suelo, ahora se acuerda que en tiempo de su infidelidad untó a los ídolos con ella”[10].

Existen numerosos textos coloniales que expresan con toda claridad el repudio a la religión autóctona, bástenos citar por ejemplo el “Informe Contra Idolorum Cultores” del Obispado de Yucatán escrito por el Dr. Pedro Sánchez de Aguilar en 1613, quien repetidamente argumenta la idolatría del pueblo maya y los castigos que experimentan por esta osadía. Son numerosas las intervenciones, tanto de la mano civil como religiosa, que persiguieron, castigaron y eliminaron personajes, costumbres, ritos y ceremonias íntimamente vinculadas con la naturaleza y su cuidado.

Aquellos ritos y ceremonias, que se celebraban en plazas públicas con concentraciones masivas de comunidades o cuyo ámbito era más familiar, fueron los primeros en ser eliminados por los conquistadores. Subsistieron solamente aquellas ceremonias que se celebraban en grutas, cavernas o en espacios alejados como la milpa, o bien aquellas que asombraron mucho a los conquistadores, como el caso de los voladores de la Sierra Norte de Puebla y Veracruz, intrépidos hombres-pájaros lanzándose al vacío desde lo alto de un mástil o axis mundi implorando lluvia y fertilidad, una alegoría a los ciclos de la vida.

Tras largo período colonial, la independencia y después la república no terminó por mejorar la situación de los hijos e hijas ancestrales de estas tierras amerindias. La neocolonización ha impuesto una serie de atentados y atropellos contra los pueblos originarios, contra sus tradiciones y culturas, así como contra sus manifestaciones religiosas y espirituales. Aquí se pueden mencionar a las multinacionales, los megaproyectos de impacto regional, así como los gobiernos entreguistas, el fracking, la minería, la deforestación, los monocultivos, la devastación de la selva, como el caso del Yasuní en Ecuador o la devastación sistemática del río Amazonas, o las apropiaciones de espacios y territorios sagrados como en Matehuala en el estado de San Luis Potosí, México o en el territorio de Cajamarca, Perú, donde Nélida Ayay enfrenta a una empresa que pretende adueñarse de su territorio. Todo esto aunado a la indiferencia y desprecio de muchas iglesias y pastores, no solo católicos sino de otras confesiones cristianas. En Yucatán, por ejemplo en octubre de 2002, se nos prohibió al movimiento de Teología India Mayense hacer uso del Santuario de Izamal, simplemente porque el Obispo de ese entonces miraba con recelo dicho movimiento. Otro ejemplo es la metodología “Campesino a Campesino”. En materia de saberes y conocimientos ancestrales, el pueblo Kakchikel de Guatemala ha practicado por miles de años una agricultura sostenible fusionada con expresiones espirituales. Sin embargo, cuando llegaron los académicos, al final del siglo pasado, a ese entramado de saberes, le llamaron de “Campesino a Campesino” reduciéndolo a una mera cuestión metodológica, siendo que se trata de una arraigada espiritualidad.

4. Un futuro doloroso pero esperanzador

Aquí se sugiere ofrendar: una rama de árbol, velas o candelas, Nican Mophua, otro texto indígena.

No cabe duda que los pueblos y naciones originarias que han vivido por siglos en estas tierras, tienen mucho que trasmitirnos con lo referente al cuidado y a la sobrevivencia respetuosa y duradera. El profundo conocimiento de su entorno o medio ambiente, les ha dado la posibilidad de sobrevivir hasta nuestros días. El Papa Francisco también lo ha señalado en varias ocasiones: “es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales” (Laudato si’, 146) y espirituales. 

Es triste ver tierras expropiadas y culturas pisoteadas de los pueblos indígenas por una actitud depredadora, por nuevas formas de colonialismo, alimentadas por la cultura del derroche y el consumismo (cfr. Sínodo de los Obispos, Amazonia: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral, 8 de junio de 2018). “Para ellos [comunidades aborígenes], la tierra no es un bien económico, sino que es don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores” (Laudato si’, 146). ¡Cuánto podemos aprender de ellos! La vida de los pueblos indígenas es “memoria viva de la misión que Dios nos ha encomendado a todos: cuidar la Casa Común” (Puerto Maldonado 19 de enero, 2018).

El gran peligro de nuestros días es que el medio ambiente ha sido modificado intencional y violentamente, hoy difícilmente reconocemos el entorno y no sabemos cómo abrazar la naturaleza ante la destrucción y el atraco sistemático. Un pueblo sin territorio es como una abeja sin campo donde pecorear. Con mucha razón insiste el Papa Francisco en Puerto Maldonado lo siguiente: “Considero imprescindible realizar esfuerzos para generar espacios institucionales de respeto, reconocimiento y diálogo con los pueblos nativos asumiendo y rescatando la cultura, lengua, tradiciones, derechos y espiritualidad que les son propias… Es necesario que existan límites que nos ayuden a preservarnos de todo intento de destrucción masiva del hábitat que nos constituye. Los pueblos indígenas han heredado y practican culturas y formas únicas de relacionarse con la gente y el medio ambiente. Necesitamos que los pueblos originarios moldeen culturalmente las Iglesias locales amazónicas… Que puedan plasmar una Iglesia con rostro amazónico y una Iglesia con rostro indígena”[11].

En el Atlas Mezinal, publicado por la UNAM, se pueden ver los distintos megaproyectos y emprendimientos que se están dando en territorios de comunidades indígenas y afro de América Latina, y la presión que se ejerce. El informe de Global Witness de 2015 (En terreno peligroso) es elocuente. Ese año fueron asesinados 185 activistas ambientales, de los cuales 122 son de América Latina, muchos de los cuales son hijas e hijos de estas tierras amerindias. Las naciones con más incidencia en los últimos años son Brasil y Honduras. Tal es el caso de Berta Cáceres en su defensa tenaz del río Gualcarque, considerado sagrado por el pueblo indígena lenca, y de María do Espíritu Santo da Silva y de José Claudio Riberiro da Silva por levantar la voz contra la madereras agro-extractivistas, quien indica: “Vivo con una bala apuntando mi cabeza que puede ser disparada en cualquier momento…”.

Hace ya varios años, conocí a una aguerrida y prodigiosa mujer en uno de los encuentros de Teología India a nivel continental: Zenaida cacique Xucurú, quien me contó con voz entrecortada y lágrimas en los ojos sobre la muerte de su esposo a manos de pistoleros pagados por los hacendados en el Amazonas. A ella le tocó heredar el liderazgo de su esposo, hasta que su hijo llegara a la edad suficiente para asumir y hacerse cargo de esa prodigiosa tarea. Desde mi humilde opinión, este es el mejor resumen de espiritualidad indígena que he vivido: la sucesión de responsabilidades por parte de los más jóvenes de la comunidad. Mientras logremos que más jóvenes puedan asumir el bastón de mando, así aseguraremos que se mantenga la visión cíclica de la vida y de la esperanza. Es, desde mi punto de vista, lo que San Juan escribe en su último libro, cuando habla se los cielos nuevos y la tierra nueva, esa visión de futuro que está profundamente arraigada en el corazón de nuestros pueblos originarios. Si alguna/o cae en el camino, otros recogen la vara y el cayado para retomar sus pasos y continuar la caminata. J’Tatic Samuel Ruíz, el Obispo de los indígenas lo señaló de esta manera: “Se vislumbra ya en el horizonte el advenimiento de un mundo nuevo. Estas señales nos lo indican, porque son señales del paso de Dios por la historia…”[12].

No hace mucho J’Tatic Francisco, desde Roma en su carta sobre el cuidado de la casa común, indica: “Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo y la esperanza” (Laudato si’, 244). Hacer ecoteología hoy en América Latina pasa por la defensa de los derechos de la madre tierra, de los más vulnerables de este mundo, de los empobrecidos; es algo inherente a nuestra realidad y al evangelio que predicamos.

Cuanto más han querido silenciarnos, borrarnos, suprimirnos de nuestra madre tierra, se hacen más actuales las palabras que señalé al principio de este aporte: mientras unas voces nos honran y se suman a nuestras luchas, otras nos insultan y exterminan; recibimos críticas y martirio, alabanzas y reconocimientos. Cuando ejercemos nuestro derecho a la libre determinación somos considerados mentirosos, embusteros a pesar de decir la verdad y vivir en ella. Se nos considera desconocidos e invisibilizados a pesar que nos conocen, y presionan nuestros territorios. Nos declaran muertos, extinguidos, desaparecidos, porque les conviene y sin embargo ¡vivimos! Nos infligen castigos, asesinan a nuestros líderes. No se nos hizo justicia y tampoco hemos sido consultados. Nos creen afligidos, sin esperanza y permanecemos tenazmente alegres construyendo futuro. Tenemos apariencia de pobres, de no tener educación o civilización, pero enriquecemos y cuidamos a muchos. Pareciera que no tuviéramos nada y sin embargo tenemos todo.

5. A manera de conclusión

Para finalizar propongo ofrendar en nuestro altar: Balché, Mate u otra bebida ritual.

Ofrezco este último sorbo a la memoria. En abril del 2009 Eduardo Galeano visitó nuestra Escuela de Agricultura Ecológica U Yits Ka’an (Rocío del Cielo) en Maní Yucatán, México, y lo recibimos con una ceremonia maya bebiendo el sagrado Balché. Después de entregar la ofrenda en el altar, le damos de beber a la madre tierra y solo después bebemos cada uno de los y las comensales.

Los pueblos originarios del planeta somos una memoria que lucha y resiste. Nuestras historias desgranan ritos y ceremonias, las que están estrechamente vinculadas a los ciclos de la naturaleza, es más nos percibimos como parte de ese entramado. He aquí nuestro mayor desafío en estos tiempos sombríos: no olvidar lo que somos y compartirlo con gozo y esperanza por los distintos rumbos de la madre tierra.


Notas

[1] Todo ser de la creación tiene alma, vida, dueño. Los mayas chiapanecos le llaman Chulel.

[2] Líderes religiosos, como el Patriarca Bernabé, han promovido enérgicas acciones en favor de la creación. Otras confesiones como el Shintoísmo se fundamenta en el respeto a la naturaleza. Iglesias católicas locales, como la del Obispo Luis Infanti de Aysén – Chile o el propio J’Tatic Samuel Ruíz asumieron con antelación este compromiso.

[3] P’aa Puul es una expresión en lengua maya que significa: romper cántaros de agua.

[4] Códice Dresde, FAMSI Fundación para el avance de los estudios mesoamericanos. La versión Kingsborough del Códice Dresde en formato PDF. http://www.famsi.org/spanish/mayawriting/codices/dresden.html, 59–74, 74.

[5] El Génesis. Relatos de Fraternidad. Luis Alonso Schökel. Programa Español de Radio Vaticano. El parto de los gemelos. Material en Audiocassette publicado en 1987.

[6] Discurso del Papa Francisco en la ONU, 25 de septiembre de 2015. http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/september/documents/papa-francesco_20150925_onu-visita.html (21.12.2018).

[7] “Vivencia de lo Divino desde la perspectiva Trinitaria y Comunitaria de los Pueblos Originarios de Abya Yala”. Atilano Ceballos Loeza. Tema de reflexión del CELAM del VI Simposio de Teología India, del 18 al 23 de septiembre de 2017.

[8] Coordinación Ecuménica de Teología India Mayense, El aroma de las flores en la Milpa Mayense: ofrenda de nuestro caminar teológico. 25 años de los Encuentros ecuménicos de Teología India Mayense, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, 2016.

[9] Nombre científico: Lonchocarpus longistylus Pitter. Una bebida de uso ritual, preparada con la corteza del árbol de Balché y miel de la abeja nativa que no tiene aguijón.

[10] France V. Scholes / Eleanor B. Adams, Don Diego de Quijada Alcalde Mayor de Yucatán 1561-1565, Tomo 1, Documento X, Biblioteca Histórica Mexicana Obras inéditas 14. Antigua Librería Robredo, de José Porrúa e Hijos, México 1938, 58.

[11] Discurso del Papa Francisco en Puerto Maldonado, Perú 19 de enero de 2018.

[12] “La construcción de la paz. Exigencias permanentes para las religiones del mundo” conferencia que J’Tatik Samuel Ruíz ofreció en la Universidad del Rosario en Bogotá, Colombia el 10 de julio del 2008. Coreco, A.C. Serie: ¿Cómo construir la Reconciliación en Chiapas? Cuaderno 7 (2008).


Author

Atilano Alberto Ceballos Loeza del Estado de Yucatán, México. Discípulo del Ah Men Antonio Mukul Jiménez †, sacerdote maya de Maní y del Yerbatero Don Mario Euán, y de muchas campesinas, que le inculcaron respeto por la espiritualidad maya y a llamar a los Sagrados Vientos. Discípulo de la Teología India mayense, del Buen Vivir de los pueblos originarios, de la agroecología desde la visión indígena y los nuevos paradigmas emergentes: feminismo, decrecimiento, ecoteología. Sacerdote católico desde 1984. Colabora pastoralmente en la Capilla de San José Obrero en Mérida Yucatán. Director de la escuela de agricultura ecológica U YIts Ka’an en la comunidad maya de Maní Yucatán, México.

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