Concilium

CELAM – « Cristo mismo es indígena en los miembros de su Cuerpo »

CELAM

« Cristo mismo es indígena en los miembros de su Cuerpo »

Geraldo de Mori, Michel Andraos, Bernardeth Caero Bustillos

Concilium 2019-4. Christentum und indigene Völker
Concilium 2019-4. Christianities and Indigenous Peoples
Concilium 2019-4. Cristianismos y pueblos indígenas
Concilium 2019-4. Popoli indigeni e cristianesimi
Concilium 2019-4. Les peuples indigènes et le christianisme
Concilium 2019-4. Povos indígenas e cristianismos


As we were doing the final editorial work for this issue, we received the following timely statement from some of Indigenous pastoral workers of Latin America that were present at the meeting that took place in Lacatunga, Ecuador, April 1-6, 2019. The meeting is sponsored by the Department of Culture and Education of the Latin American Bishops Conference, CELAM. Because of its relevance to the topic of this issue, the editors decided to include it as part of the Theological Forum and invited three theologians from different parts of Latin American, Bernardeth Carmen Caero Bustillos from Bolivia, José Bartolomé Gómez Martínez from Chiapas, Mexico, and Geraldo de Mori from Brazil, to share their comments and reflections on the document.

MENSAJE FINAL

DEPARTAMENTO DE CULTURA Y EDUCACIÓN

ENCUENTRO DE AGENTES DE PASTORAL NATIVOS DE PUEBLOS ORIGINARIOS

Lacatunga, Ecuador, 1 al 6 de abril de 2019

“Cristo mismo es indígena en los miembros de su Cuerpo”

Convocados por el Departamento de Cultura y Educación del CELAM[1], como agentes de pastoral nativos de pueblos originarios, obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos, laicas y laicos, nos hemos encontrado en San Pablo Tantanacui[2], Ecuador. Venimos llenos de esperanza, hombres y mujeres de las regiones: CAMEXPA (Centroamérica, México y Panamá), ANDINA (Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia) y CONO SUR (Chile, Argentina, Brasil, Paraguay) para compartir las vivencias de los pueblos originarios.

Al ver y sentir la realidad de los pueblos originarios, nos duele y denunciamos la situación de exclusión, explotación, discriminación, machismo, comunidades divididas. Nos preocupa la situación de nuestros países, en lo económico, político, social, cultural y eclesial. Nos aflige la creciente migración de nuestros pueblos, en su mayoría forzados por la falta de atención a las necesidades básicas, por la violencia, trata de personas, criminalización, el narcotráfico, la contaminación, deforestación masiva de los bosques y devastación de los territorios, entre otras realidades de muerte. En particular, son los pueblos originarios quienes más sufren las consecuencias por ser en muchos casos los más pobres.

Al discernir los procesos de acompañamiento a nuestros pueblos originarios desde el Magisterio de la Iglesia universal y latinoamericana, reconocemos que somos defensores de la vida y de nuestras culturas como expresión de las semillas de Cristo, ya que antes de 500 años ya en las tierras de América estaba presente Dios en los pueblos y en sus celebraciones a favor de la vida. La enseñanza de los Papas y de los obispos latinoamericanos nos motiva a denunciar los atropellos que sufrimos y a reivindicar nuestros derechos en defensa de la madre tierra, de la vida y de las culturas[3]. Somos conscientes, sin embargo, de que algunos de nosotros guardamos silencio, atropellamos y limitamos a nuestros hermanos.

El Magisterio de nuestros pastores nos anima a que los pueblos originarios seamos sujetos de la evangelización y de la historia, reconociendo los valores de las culturas autóctonas y cuestionando las prácticas contrarias al espíritu del Evangelio[4]. Una autentica acción evangelizadora tiene como meta la constante renovación, animación y transformación de la cultura.

Como Agentes de pastoral que acompañamos los procesos de evangelización con nuestros pueblos originarios, tenemos la convicción de que es necesario un verdadero proceso de inculturación, pues “el Verbo de Dios, haciéndose carne en Jesucristo, se hizo también historia y cultura”[5]. Valoramos la sabiduría de nuestros abuelos y abuelas. Avanzamos en los procesos de una inculturación de la Liturgia, acogiendo con aprecio los símbolos, ritos y expresiones religiosas compatibles con nuestra fe cristiana. Acompañamos la reflexión teológica, creciendo en el conocimiento de nuestra cosmovisión, para lograr una mayor realización del Reino[6].

Finalmente, como Agentes nativos de Pastoral de Pueblos Originarios, queremos seguir fortaleciendo y articulando los procesos de cuidado y defensa de la madre tierra, en su sentido más amplio[7]. Nos comprometemos a enriquecer los procesos de inculturación del Evangelio y de la Liturgia, animando y reforzando la Teología India, dando pasos para una formación inculturada en las casas de formación y de los Agentes de pastoral en las diócesis con presencia indígena. 

En este encuentro llegamos a un acuerdo para solicitar a nuestros pastores que se realice un Sínodo de Pueblos originarios.Pedimos a Dios, Corazón del cielo y Corazón de la tierra, que nos fortalezca en este servicio, para que, con espíritu sinodal con los obispos, agentes de pastoral, misioneras y misioneros, podamos plasmar una “Iglesia con rostro indígena”[8]para que como pueblos tengamos SUMAK KAWSAY[9]. Agradecemos a la Diócesis de Latacunga, y la Conferencia Episcopal de Ecuador, por su acogida y su espíritu de comunión eclesial.


“Al ver y sentir la realidad de los pueblos originarios …”

Bernardeth Carmen Caero Bustillos

El mensaje final del encuentro de agentes de pastoral nativos de pueblos originarios emitido en abril de este año, comienza con el “sentipensar” que caracteriza a los pueblos indígenas en cómo acogen la realidad en la que viven, que va más allá de una visión o una conceptualización de esa realidad. Dicho mensaje denuncia las injusticias que acechan tanto a los pueblos indígenas como a sus entornos de vida. Los cuales son fruto de la destrucción del ecosistema a nivel mundial y prácticas sociopolíticas, económicas y religiosas que van en contra del bien común, es decir de la vida. A su vez es un llamado a la autocrítica “guardamos silencio, atropellamos”, que parte de una actitud comunitaria.

En el mensaje se puede incluir el aspecto de interculturalidad, ya presente en el documento de Aparecida (DA 96)[10], como en los aportes y propuestas teológico-pastorales del V Simposio Latinoamericano de Teología India: “33. La interculturalidad es un eje que debe atravesar el pensamiento y la práctica evangelizadora y pastoral de la Iglesia, no sólo pensando en los indígenas y afros, sino a todos los niveles”[11]. Así como también plantea el Papa Francisco un diálogo intercultural, donde los pueblos indígenas son los principales interlocutores[12].

El mensaje, como se indicó al inicio, propone como una metodología de la percepción de la realidad el “ver” y “sentir”. El sentir puede ser traducido en una actitud de escucha a los pueblos indígenas como sujetos plenos, porque un proceso sinodal “tiene su punto de partida y su punto de llegada en el Pueblo de Dios” (Episcopalis Communio 7). Ya que en la escucha, se hace el ejercicio de reconocer a la otra y al otro como sujeto que interpela, comparte realidades, sabidurías y experiencias espirituales, es la apertura a lo diferente superando mentalidades coloniales. De esa manera será posible una “Iglesia con rostro indígena”, un lugar donde puedan interactuar las teologías indígenas. Un espacio donde pueda ser posible la experiencia de la encarnación del Verbo y una vida plena (Jn 1,14; 10,10).


“Iglesia con rostro indígena”

José Bartolomé Gómez Martínez

El mensaje final del Encuentro de Agentes de pastoral nativos de pueblos originarios, confirma algunas de las líneas prioritarias de trabajo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas[13] en particular: La Encarnación en las culturas, especialmente indígenas. 

Como diócesis, acompañada por sus pastores, optó por descubrir el valor teológico de las culturas. El elemento teológico doctrinal que se encontró para comprender la relación entre evangelización y culturas fue el misterio de la encarnación del hijo de Dios (cf. Jn 1,1ss). En esto se fundamenta este acercamiento y respeto a las culturas[14]

La diócesis de San Cristóbal, cuenta con el 80% de fieles de población indígena, esta realidad la ha llevado a trabajar por una Iglesia autóctona[15], valorando sus tradiciones y costumbres, por la predicación de la Palabra en sus lenguas maternas, fortaleciendo sus cargos y ministerios. Han surgido más de 10,000 catequistas y varios centenares de servidores, entre ellos más de cuatrocientos diáconos permanentes, como frutos del Concilio Vaticano II para nuestros tiempos[16].

Con respecto a las semillas del Verbo[17], la diócesis se ha comprometido a seguir descubriéndolas en las culturas la plenitud de la revelación en Jesucristo. Ya que los pueblos originarios pueden ayudar a tener una percepción más vivencial de la verdad divina revelada en Cristo[18]. De esta manera, “nuestros pueblos, tanto indígenas como mestizos, van ocupando en la historia, el lugar al que Dios los ha llamado, aun en medio del empobrecimiento, discriminación, opresión, injusticia y exclusión en que viven; pero también, desde la fe, con una historia de anhelos y esperanzas hacia construcción de una sociedad con vida y vida en abundancia”[19].

La Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, ha hecho que poco a poco se vaya construyendo, bajo la guía del Espíritu, una Iglesia autóctona con rostro propio, enriquecida por las diferentes presencias y acciones del Verbo en las culturas y por la unidad de nuestros pueblos, que nace de sus tradiciones, de su sabiduría y de su fe en Dios. El Papa Francisco nos dice, que “[…]el cristianismo no tiene un único modo cultural. […] En los distintos pueblos, que experimenten el don de Dios según su propia cultura, la Iglesia expresa su genuina catolicidad y muestra «la belleza de este rostro pluriforme». […]«toda cultura propone valores y formas positivas que pueden enriquecer la manera de anunciar, concebir y vivir el Evangelio»”[20]. Por último, “el proceso de encarnación del Evangelio en nuestras culturas llega a un punto decisivo con la elaboración de la Teología India. No seríamos una Iglesia verdaderamente autóctona, es decir: mestiza, urbana, tseltal, tsotsil, ch’ol, tojolabal, zoque, etc., si sólo repitiéramos la teología de manuales europeos o norteamericanos”[21].

Como Iglesia diocesana, tiene el desafío de seguir caminando hacia los cielos nuevos y tierras nuevas, buscando nuevas formas y maneras de construir el reino de vida, en armonía con todo lo creado. Dios, Corazón del Cielo y Corazón de la Tierra nos siga acompañando para hacer realidad el sueño de nuestros pueblos originarios: ser una Iglesia con rostro propio.


“Sujetos de la evangelización y de la historia”

Geraldo De Mori, SJ

Entre las afirmaciones de este mensaje final del encuentro de Lacatunga, Ecuador, llama la atención la mención del magisterio de la Iglesia, que anima a los pueblos originarios a que sean “sujetos” de su propia evangelización y historia. El párrafo remite al n. 407 de Puebla y al discurso de Juan Pablo II a los indígenas de Lacatunga (31/01/1985). Es interesante releer esos dos textos del fin de los años 70’ y mediados de los 80’. La postura de la Iglesia, inaugurada en Medellín, empezaba entonces a dar sus frutos. Los pobres concretos del continente pasan a ser nombrados (Puebla 31-39), entre ellos los indígenas (n. 34). En esa época se creía en el rol de grupos sociales que cambiarían la historia. Tales grupos, vistos como “sujetos” de esa misma historia, eran constituidos por obreros, campesinos, indígenas, estudiantes, movimientos sociales organizados etc. En la Iglesia también se adoptaba ese vocabulario, como se ve en los números arriba citados. 

Desde la crisis de los paradigmas utópicos del fin de los años 80’, identificados con las grandes narrativas del mundo moderno, el término “sujeto” perdió el lugar y sentido que tenía en el ámbito social, político y eclesial, siendo remplazado por “individuo”, ganando otros significados, como los de sus múltiples vulnerabilidades (género, etnia, religión etc.), que determinaban sus diferentes luchas por reconocimiento.

Es curioso el retorno de este término en un texto del 2019. Seguramente no se trata de una lectura ingenua y nostálgica de un pasado muerto, ni tampoco del sentido que ganó en muchos movimientos sociales postmodernos. En varios países, los pueblos originarios tuvieran sus tierras devueltas, hicieran escuchar su voz, conquistaran derechos, empezaran un proceso de retorno a sus tradiciones ancestrales. Se convertirán, sin duda, en “sujetos” de todos esos cambios, resemantizando el mismo término “sujeto”. De hecho, esos pueblos no tienen las pretensiones totalitarias del sujeto moderno y no piensan sus luchas desde la perspectiva de las democracias liberales del Occidente. Lo que buscan es más bien rescatar los valores de sus viejas tradiciones, orientadas hacia una vida en armonía con la naturaleza, en diálogo intergeneracional y abierta al misterio. 

Además del cambio semántico en la comprensión del sujeto histórico, el texto propone también que los agentes pastorales indígenas sean sujetos de la evangelización. No dicen tampoco aquí lo mismo que decían en las décadas de 60-80 del siglo pasado. Ser “sujeto” de la evangelización aquí significa redescubrir, como decía Gustavo Gutiérrez, el “proprio pozo”, en donde buscar el agua que mata la sed. Eso no quiere decir que esos agentes desean romper con la fe cristiana recibida, sino que la reinterpretan desde la riqueza de las “semillas del Verbo” que ya se encontraban en sus varias culturas.

El sujeto histórico y evangelizador que emerge en los pueblos originarios es entonces un sujeto colectivo, crítico de la postura predatoria del sistema neoliberal, que vive en armonía con la naturaleza y es abierto al misterio. Él puede convertirse en el testigo privilegiado de una humanidad nueva en parto. Pero su existencia incomoda al sistema. Por eso vuelve a ser perseguido en casi todos los países en que se encuentra.


[1] Juan Pablo II, Discurso a los indígenas de América del Norte, Santuario Santa María de los Hurones, Canadá, 15 de septiembre de 1984.

[2] Tantanacui en idioma Kichwa significa: “lugar de encuentro”.

[3] Cfr. Papa Francisco, Discursos en Perú, 19-21 de enero de 2018

[4] Cfr. Puebla, 407; Juan Pablo II, Discurso a los indígenas en Latacunga, 31 de enero de 1985.

[5] Benedicto XVI, en Aparecida, Brasil, 13 de mayo de 2007.

[6] Cfr. Santo Domingo, 24.

[7] Cfr. Laudato Sí, 143.

[8] Papa Francisco, Puerto Maldonado, 19 de enero de 2018.

[9] En idioma Kichwa: vida plena, cfr. Jn. 10,10.

[10] “En algunos casos permanece una mentalidad y una cierta mirada de menor respeto acerca de los indígenas y afrodescendientes. De este modo, que descolonizar las mentas, el conocimiento, recuperar la memoria histórica, fortalecer espacios y relaciones interculturales, son condiciones la afirmación de la plena ciudadanía de estos pueblos” (DA 96).

[11] Teología India, V Simposio Latinoamericano de Teología India, Revelación de Dios y Pueblos Originarios, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México 13 al 18 de octubre de 2014, Volumen V, Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Departamento de Cultura y Educación, Bogotá 2015, 206.

[12] Cf. http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2018/january/documents/papa-francesco_20180119_peru-puertomaldonado-popoliamazzonia.html#_ftnref1 (04.06.2019).

[13] Papa Francisco, Puerto Maldonado, 19 de enero de 2018. 

[14] Sobre la cuestión de la teología de las culturas en esta diócesis, ver Samuel Ruiz, Mi trabajo pastoral en la diócesis de san Cristóbal de las Casas, principios teológicos, México, 1999.

[15] Ad Gentes 6.

[16] Cf. III Sinodo Diocesano, Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas-México, 10.

[17] Cf. Ad Gentes 11; cf. Eclessia in America 16.

[18] Cf. Plan Diocesano de Pastoral, Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas-México, 93.

[19] III Sinodo Diocesano, Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas-México, 13; cf. Felipe Arizmendi Esquivel, Cristo, Luz de Vida, artículos de 2018, México, 2019, 43.

[20] Evangelii Gaudium 116.

[21] Plan Diocesano de Pastoral, Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas-México, 88.