Concilium

Alfredo Ferro Medina

«Del Vaticano II al Sínodo sobre la Amazonia: hacia una Iglesia sinodal»


Introducción

La gran novedad de este Sínodo “Amazonia: Nuevos caminos por la Iglesia y por una Ecología integral” fue proponer una eclesiología que surge de un camino eclesial, planteando una nueva manera de ser Iglesia, enraizada desde el Concilio Vaticano II, a partir de la noción de pueblo de Dios con diversas prácticas eclesiales, no sólo en la Amazonia, donde se ha ido consolidando como un proceso lento e irreversible.

Este modelo eclesial ha sido criticado por los detractores del Papa Francisco en el marco del proceso sinodal. A quienes se resisten a cambiar –permaneciendo en estructuras anquilosadas y caducas como en prácticas pastorales en desuso– les incomoda que el Papa Francisco afirme que el clericalismo es la lepra de la Iglesia al enumerar las catorce tentaciones de la Curia Vaticana. Estos males se podrían aplicar también a diócesis, parroquias o congregaciones religiosas. Otras personas critican que el Papa Francisco afirme que la Iglesia debe ser concebida como una pirámide invertida, donde los laicos estén arriba y los obispos abajo[1]. Por ello requerimos con urgencia avanzar hacia un modelo de Iglesia poliédrica y sinodal[2].

En este sentido, el llamado del Papa Francisco en “Evangelium Gaudium” para que seamos una Iglesia de salida (cfr. EG 20) produce turbación, inseguridad y miedo porque es más cómodo continuar con una pastoral de la “conservación” que promover una pastoral de apertura y de escucha a los gritos de los pobres, excluidos y vulnerados, quienes piden a sus pastores caminar juntos para lograr una liberación que nos les llega de ninguna parte[3].

Sínodo como proceso

Cabe preguntarnos por qué el Papa Francisco convocó un sínodo especial sobre la Amazonia. Se impone una realidad incontestable: hay un territorio amenazado y unos pueblos dominados y discriminados debido al modelo de desarrollo depredador que se impone en un espacio  estratégico para el planeta y para la humanidad. La Iglesia se deja interpelar sobre su misión aquí y  ahora, teniendo en cuenta la realidad y los desafíos en la voz y el canto de la Amazonia con el mensaje de vida que surge del clamor de la tierra y del grito de los pobres y que nos llama a una conversion integral[4].

La crisis climática mundial – según la encíclica “Laudato Si” en su llamado a la conversión ecológica – es una alerta global, tan grave que ameritó un espacio sinodal de  reflexión,  análisis, profundización, meditación y celebración que permitiera atrevernos a caminar y navegar juntos como Iglesia, buscando respuestas y esperanzas en medio de la crisis.

El Sínodo no ha sido un acontecimiento aislado. Hubo un largo proceso de más de dos años que se oficializó en Puerto Maldonado, en enero del 2018, a raíz de la visita que hizo el Papa Francisco al Perú, donde se encontró con los pueblos indígenas e inició el proceso sinodal sobre la Amazonia. Desde ese momento, la Iglesia amazónica –de la mano de las Conferencias Episcopales , las Iglesias nacionales y locales, la vida religiosa y la Red Eclesial Panamazonica (REPAM)– se movilizó para realizar una serie de escuchas a través de asambleas territoriales, foros temáticos, encuentros, reuniones y círculos de conversa, donde cerca de 80,000 personas participaron de manera activa. Se partió de un “Documento de trabajo”, avanzando hacia un nuevo documento titulado “Instrumento Laboris”. Luego, el Sínodo en Roma formuló  de manera conjunta un nuevo texto a la espera de la Exhortación apostólica del Papa Francisco.   

El texto final del Sínodo significó un parto difícil porque no podía agradar a todos los padres sinodales, al grado que el teólogo Walter Kasper afirmó que: “El Papa decepciona tanto a los progresistas como a los conservadores. Los extremos se tocan”[5]. Al interior del aula Sinodal como en los círculos menores quedó manifiesta la multiplicidad de criterios, ideas, visiones y opciones de una Iglesia que es diversa y no monolítica. Lo que se vio reflejado en las reflexiones que se hacían –y en la misma votación de cada uno de los parágrafos del texto final– fue un  gran consenso en la necesidad de recorrer nuevos caminos eclesiales para reforzar y consolidar un nuevo modo de ser Iglesia en el territorio amazónico. Ese fue el clima sinodal que se vivió, cuestionando un tipo de Iglesia autoritaria, piramidal, clerical, autoreferente, neocolonial y patriarcal.

Llamado a una conversión eclesial y sinodal

El texto final del Sínodo subraya la necesidad de cuatro grandes conversiones: pastoral, ecológica, cultural y sinodal. Todas estrechamente vinculadas se convierten en un gran reto, no sólo para la Iglesia Amazónica, sino para la Iglesia Universal.

La conversión pastoral que nos atañe a todos nos impulsa a ser una “Iglesia de salida” que coloca en el centro de la misión el anuncio de Dios realizado por Jesús. Nos urge una Iglesia capaz de escuchar el grito de los pueblos, poniendo el foco en la formación, el acompañamiento y el desarrollo de comunidades misioneras eclesiales. Se requiere para ello una Iglesia con múltiples  y variados ministerios que reconozca la acción del Espíritu Santo en los liderazgos de hombres y mujeres, aceptando con gozo los sacramentos que no deben estar sólo en manos de los presbíteros. Comunidades que vivan la Eucaristía, abriendo la posibilidad de los “Viri Probati”.  Cabe resaltar que esta referencia aparezca en el contexto eucarístico y no en una normativa para la búsqueda de sacerdotes por la falta de vocaciones. Las propuestas clericales fueron duramente criticadas durante las  exposiciones de los participantes del Sínodo, desde una teología encarnada e india que acompaña una pastoral que explora los ritos amazónicos. 

Sólo una Iglesia que opta preferencialmente por los indígenas y está en diálogo con las culturas locales –con nuevos ritos, símbolos, signos y expresiones– será capaz de expresar la fe en la presencia del Señor en medio de la cultura de esos pueblos, uniendo fe y vida. 

Iglesia de salida, samaritana y profética en defensa y cuidado de la vida

Si preferimos, como  nos dice el Papa Francisco: “[…] una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG 49), entonces debemos replantearnos nuestra presencia en medio de las comunidades, así como nuestras prácticas pastorales e itinerarios pedagógicos, sean ellos catequéticos o de formación de agentes de pastoral, ministros  y seminaristas, para que verdaderamente respondamos a realidades específicas de la misión en el contexto amazónico. 

Sólo una Iglesia samaritana, profética y defensora de los derechos de los más pobres y perseguidos, podrá testimoniar a Jesús. Si servimos a las comunidades amazónicas, tendremos que desafiar los poderes frecuentemente corruptos que saquean los recursos, y atentan contra su vida y cultura. Por ello, debemos estar atentos a las políticas públicas para incidir en ellas, atendiendo los fenómenos migratorios y  la realidad de los indígenas, campesinos, afro descendientes, jóvenes, pobladores de las márgenes de las ciudades y, en general, los vulnerados. Requerimos acompañar y dejarnos acompañar por nuestras comunidades y pueblos para abrir espacios de participación, haciendo propuestas en el horizonte de la sabiduría del “buen vivir”.

En síntesis, creemos que el Espíritu del Señor descendió en el Sínodo sobre la Amazonia, como lo hizo sobre la Iglesia naciente el día de Pentecostés y que ese Espíritu nunca abandonará la Iglesia y seguirá iluminándola.


Notas

[1] Discurso del Papa Francisco durante la conmemoración del 50 aniversario del Sínodo de los Obispos (18-10-2015) en Documentation Catholique, num. 2521. (enero de 2016), p. 78.

[2] Discurso del Papa Francisco al Dicasterio de Laicos, Familia y Vida (16 nov de 2019).

[3] CELAM. III Conferencia General, Puebla, 1979.

[4] Documento final del Sínodo Asamblea especial para la región Panamazonica Amazonia: nuevos caminos para la Iglesia y para una Ecologia integral, “Amazonia: de la escucha a la conversión integral” Capítulo I.

[5] Congreso de Barcelona del Ateneu Universtari Sant Pacià “La aportación del Papa Francisco a la teología y a la pastoral” (noviembre del 2019).


Autor

Alfredo Ferro Medina es licenciado en Filosofía Universidad Javeriana de Bogotá; Bachiller en Teología de la PUC de Rio de Janeiro, Brasil; Master en Sociología de la religión de la PUC de São Paulo, Brasil. Desde 2014 se desempeña como Coordinador del Servicio Jesuita Panamazónico de la Conferencia de Provinciales de América Latina con sede en Leticia, Colombia (triple frontera: Brasil, Perú y Colombia).

Dirección: Calle 10 No. 5-14, Leticia, Amazonas, Colombia.

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