Concilium

Transformando la Iglesia – Índice: Alemán, Italiano, Portugués, Francés, Español, Inglés


Insurgencia ciudadana, eclesial, espiritual (sinodalidad en Chile)

de Diego Irarrazaval, asesoro asociaciones sociales y eclesiales en América Latina y miembro del equipo editor de Concilium (2005-2014); coordinador del Instituto de Estudios Aymaras en Peru (1981-2004)

(un texto más amplio ha sido publicada en Fronteiras Revista de Teologia da UNICAP, vol. 3 n° 1, 2020, 255-285)

Al buscar una nueva América… 

continúen entrando, plantando, cantando, impugnando,

 con esa esperanza que no falla,

 porque está garantizada por el Dios de la Tierra, la Vida, el Amor.

Pedro Casaldaliga (2004)

Introducción

Hay escaso consenso sobre el rumbo de la modernidad y sobre lo espiritual. Muchas personas nos movilizamos sin tener claro adónde ir. Es algo patético y angustiante, aunque también surgen nuevas rutas. En estas páginas son recopiladas experiencias creyentes y alternativas, con sus clamores y sus organismos. Se trata de casos ejemplares, como autogestionados sínodos laicales, y como iniciativas de mujeres-iglesia.

Estas opciones no son privadas. Más bien es una asociación de caminantes (συν = junto, οδoς = camino). El sumarse a un caminar ha caracterizado los inicios del cristianismo, con sus minúsculas primeras comunidades (cfr. Hechos 9,2, 18,25-26, 19,9 y 23, 22,4, 24, 14 y 22), donde el maestro de Nazaret ha sido reconocido como Camino (cfr. Juan 14,6). Aquellos inicios -audaces y comunitarios- son paradigmáticos. 

Esta convicción está al servicio de la emancipación y felicidad de la humanidad. A pesar de tanto contexto agri-dulce, el caminar con Jesús y su Espíritu, ha caracterizado la renovación conciliar durante 60 años, y anima actuales procesos eclesiales. Sobresalen el Sínodo Pan-amazónico (octubre 2019), la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe (2021), la Asamblea General del Sínodo de Obispos el 2022 (“Por una Iglesia Sinodal”), y ojalá algo bien ecuménico el 2025 en el 1700 aniversario de Nicea,

 Mi ensayo recalca pequeños y promisorios acontecimientos sinodales en ámbitos chilenos. En medio de penumbras y desilusiones hay potentes señales, sueños, acciones. Se sienten soplos del Espíritu. En muchas partes se va forjando una nueva América, como ha profetizado Pedro Casaldaliga, testigo del Dios de la tierra, la vida, el amor.

1. Practica itinerante

Caminar es como un sinónimo de humanidad. Es un estar dinámico aquí en la tierra; y también ocurre luego de fallecer. Lúcidas anotaciones provienen del norte argentino donde Rodolfo Kusch ha consignado el ´estar siendo´; y añade  ´en el fondo no estoy yo, estamos nosotros´.

“Sabemos que estar proviene del stare, latino, estar en pie, lo cual implica una inquietud. El ser en cambio, en cuanto proviene de sedere, estar sentado, connota un punto de apoyo que conduce a la posibilidad de definir… Estar implica una actitud que se sustrae a la definición… La circunstancia, o la honda sensación de un mundo inestable, en el cual todo se hace… provoca en el estar la necesidad de un estar con, o sea como un requerimiento de comunidad” (KUSCH, 2016, p. 241, 246).

En la pan-Amazonia, además de la migración a ciudades y centros de empleo, etnias en la floresta y sectores ribereños en ríos se movilizan incesantemente. En el caso de la población guaraní, durante siglos está orientada hacia la fascinante tierra sin males (= yv_ marane´y); se trata de una población incansable, que se autocalifica como mbyá (= gente), que ve:  

“la creación de la Nueva Tierra con el dramatismo propio de una arriesgada empresa de desenlace incierto….  Los movimientos de los guaraníes y tupí eran, básicamente, la búsqueda religiosa de una Tierra donde la economía de reciprocidad y el don (expresión del modo de ser perfecto y bueno) podían darse” (ORTIZ, 2012, p. 191-192).

Por otra parte, millones de afro-descendientes en las Américas y el Caribe acogen seres sagrados con quienes danzan, comparten alimentos, reciben y transmiten fuerzas vitales (FROMENT, 2019; SILVA, 1995). Valen pues orixás en Brasil y su axe, loas en Haiti, y tantos espíritus que en la mayoría de las culturas son benévolos y/o malévolos. Además, gran parte del cristianismo latinoamericano interactúa con almas de personas fallecidas (que de hecho son muertos-vivientes). Abundan ceremonias de carácter sincrético. Las danzas rituales constituyen una potente expresión del transcendente caminar afro-americano e indígena-mestizo. Con el rítmico golpear la tierra en cada espacio donde se danza, y con el movimiento circular y horizontal de cuerpos, se llevan a cabo masivas liturgias de contenido itinerante y festivo.

La actividad predominante es la migratoria, al interior de países, entre regiones del continente y hacia afuera, y entre lugares subordinados y las grandiosas metrópolis. Al respecto sobresalen transformaciones ciudadanas, con su intenso tránsito espacial, económico, laboral, técnico, digital. Es un estar-entre que ocurre al interior de cada sector humano, entre lo marginal y las pautas socio-culturales, entre creencias, entre modos de adquirir felicidad. 

Además, un transitar intenso y universal tiene hoy carácter virtual, tecno-comunicacional. El alucinante e incalculable tránsito de carácter digital hoy involucra a la mayor parte de la humanidad. Son pues factores y procesos que envuelven y condicionan cualquier actividad religiosa, y afectan el día a día eclesial, sinodal, espiritual. 

No sólo son herencias de siglos. Se van reconstruyendo rutas culturales con creencias y ritualidades autóctonas y mestizas (que suelen ser descalificadas como paganas, primitivas, equivocadas). Son polisémicas expresiones religiosas y espirituales (distintas a las hegemónicas). ¿Son caminos de vida? Cada pueblo (en que puede haber o no haber signos cristianos) concretamente lleva a cabo su caminar para vivir, su cotidiana ´sinodalidad´. 

2. Procesos de reciprocidad

Siendo miembros del pueblo de Dios, nos cabe encarar malentendidos e ir más allá de ellos. Un problema escandaloso ha sido devaluar lo laical y priorizar al clero. Se trata de entidades interdependientes, que deberían cultivar la reciprocidad. La realidad básica y universal es ser personas amadas por Dios y amables entre sí; ser bautizadas y evangelizadoras; ser justas y pacíficas.

2.1 Quiebres y transiciones

En ambientes católicos la asimetría, el malestar, la desconfianza, ha crecido hasta generar rupturas. No se comprenden ni atienden necesidades y búsquedas del común de las personas. Es una secuencia de quiebres y colapsos, que afectan a sectores que han estado y siguen estando marginados. Para grandes segmentos de la juventud, la religión institucional es irrelevante. El malestar también es manifestado por mujeres que discrepan con el moralismo eclesiástico y que sufren el androcentrismo. Juventudes y mujeres o no les interesa lo religioso o han ido abandonando templos. Salvo esporádicas críticas públicas, de modo silencioso se han ido ´secularizando´ (o mejor dicho, han ido afirmando una gama de opciones) por diversos motivos: coherencia y dignidad personal, indignación ante abusos de poder y delitos, incomodidad ante normas y enseñanzas, colapso de instituciones. 

“Son millones los católicos que abandonas la Iglesia, se descuelgan emocionalmente de ella o aprovechan con espíritu práctico algunos de sus servicios. Los jóvenes, choqueados, se alejan en masa…. Urge una conjugación completa de la institucionalidad de la Iglesia en los registros de la vivencia de la fe que efectivamente están operando a comienzos del tercer milenio” (COSTADOAT, 2014, p. 57, 152)

En el pasado y en el presente, la eclesialidad está en crisis. Existen propuestas relevantes, en circunstancias donde personas son cordiales y proactivas, tienen oportunidad de pensar y cuestionar pautas, ejercen opciones personales, reelaboran su fe, construyen vínculos con los demás. Se desenvuelven vivencias en que lo eclesial es re-construído (como lo subrayan participantes en el sínodo laical y en corrientes de mujer-iglesia en Chile). Interesa entender señales y silencios por parte de juventudes, de mujeres, de organismos de iglesia. Opino que desde muchos quiebres se está pasando a fases de transición, y también a ensayos de reconfiguración (en que se dan elementos ya vividos y otros nuevos).

Al reconocer maldades y sanaciones -tanto internas como externas- es posible ser fieles al Evangelio, acompañarnos, romper barreras, confrontar una sociedad crucificada en muchas víctimas. A continuación, recopilo signos, sueños, acciones, en el pueblo de Dios.

2.2 Sombras y luminosidad del Reino

 A todo el pueblo de Dios (y de modo particular al laicado que asume liderazgos ciudadanos) le corresponde “escrutar signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio” (Gaudium et Spes nº 4). El 5 y 6 de enero del 2019, en el Santuario del Padre Hurtado, 350 delegados/as de todo el país celebran la ´Asamblea de apertura del sínodo laical autoconvocado y autofinanciado´. Ha sido un lento y fructífero caminar de varios años, con varios tipos de participantes y liderazgo laical, sin caudillismo, y con representación de grupos a lo largo del país. Durante estas fases creció la confianza en el Espíritu; lo que es explicitado en relatos escritos y en testimonios que he recogido. 

“Discípulas y discípulos de Jesús hemos decidido iniciar un proceso de diálogo y participación… que promueva una iglesia de comunidades que están al servicio de la construcción del Reino de Dios en nuestro país. Iluminados por el Espíritu Santo, buscando re-construír nuestra iglesia devastada por pecados y delitos, hemos discernido comunitariamente que las principales causas de esta crisis son el clericalismo, el abuso de poder, la indolencia y la falta de conciencia crítica del laicado” (ASAMBLEA INAUGURAL, 2019, p. 57)

Así, 350 personas autoconvocadas -sin dependencia del clero ni de especialistas en teología- desenvuelven el líderazgo comunitario y/o son miembros de movimientos de espiritualidad, y hacen su propio Sínodo. (Además de 350, hubo casi medio millar siguiendo el evento por Facebook Live). Se ha ido retomando algo esencial del Vaticano II y de conferencias episcopales desde Medellín hasta Aparecida; esto no vía tediosos discursos ni citando textos. Más bien, como lo indican informes del 1er y del 2do Sínodo Laical, hay una cuidadosa y lenta sistematización, dialogada en comunidades, que es luego registrada sin que los redactores de textos hagan juicios de valor. De un modo formal, la asamblea del 2019 estructura el documento de trabajo, conversando sobre signos, sueños, acciones. El texto de 73 páginas es finalmente aprobado por la asamblea (y unos párrafos de la conclusión son publicados al dia siguiente en ´Vatican News´, medio oficial en Roma). Es notable como una red informal de individuos llega rápidamente a ser una red de grupos y comunidades con sus líneas de acción y sus proyectos a corto y mediano plazo.

Sobresale el malestar laical ante hechos que indican distanciamiento del Evangelio. Son constatados y denunciados problemas gigantescos: olvidar a Jesús y al Reino, alejamiento del pobre, escuálida acción misionera, adueñarse de la verdad, acomodarse, complicidad con el poder injusto, clericalismo y abusos en todas sus formas, estructura vertical que perjudica al laicado, secretismo, ocultamiento, carencia de transparencia, patriarcalismo, marginación y humillación de la mujer, laicado alejado de la institución, golpeado, poco formado, sin visión crítica y con miedo que inmoviliza. El documento de trabajo consigna errores y carencias laicales, auto-critica de la población católica y de participantes en la asamblea sinodal. La jerarquía es confrontada. Todo eso manifiesta voluntad de cambio sistémico, transparencia intraeclesial, libertad espiritual. En otras palabras, las comunidades laicales interpelan mentalidades y estructuras, e incentivan conversión en todos los estamentos eclesiales. Aunque a veces la terminología es parcial y con pocos matices, la reflexión sinodal logra abarcar largos procesos y sus causas. La cuestión de fondo en Chile (y en otras latitudes) es encarar situaciones injustificables, que dan la espalda al Evangelio y que ponen obstáculos ante el Reinado de Dios.        

Por otra parte, en el contexto chileno (y latinoamericano) existen cualidades y vivencias que son denominadas ´signos de presencia del Reino´ (ASAMBLEA INAUGRUAL, Documento de Trabajo, nº 72 a 93). Es un contrapunto con ´signos de anti-reino´, el documento pone acento en comportamientos intra-eclesiales, que obviamente reflejan e influyen en el acontecer socio-cultural en Chile. Son señales, por ejemplo, sopesar la desazón de creyentes comprometidos, impugnar la vertical designación de obispos, repudiar líderes y clérigos abusadores del poder, del sexo, de las conciencias. Hay un “creciente empoderamiento” (nº 77). Resurgen comunidades de base con “opciones para actuar en el desafío de construír una nueva Iglesia” (nº 79), de re-construír la Iglesia de Jesús, y de estar “comprometidos con aquellos que la sociedad actual va dejando en las periferias humanas… y de todos aquellos que sufren violencia” (nº 80). Por otro lado, se expresa gratitud a “consagrados y sacerdotes que sirven al Reinado de Dios de manera humilde… y cuyo testimonio de vida nos fortalece en el compromiso con los pobres” (nº 81 y 82). Sin embargo, en el mundo actual.

“El laicado manifiesta, en general, una fe individualista que es coherente con los rasgos de la cultura predominante en el ámbito occidental… Una espiritualidad que (no) permite ser contemplativos en la acción, quedándose en la dimensión espiritualista sin conexión alguna con la realidad social… Al interior de la Iglesia hay silenciamiento y persecución de las voces proféticas y críticas” (ASAMBLEA INAUGURAL, nº 87, 89, 90).

El realizar un proceso sinodal laical en Chile (propuesto desde hace 6 años, y gestado durante todo un año) es una magnífica señal del “laicado capaz de autoconvocarse, siguiendo la inspiración del Espíritu… para construír, sin prisa, pero sin pausa, la Iglesia que sea una gran comunidad de comunidades” (nº 93). “La fe en Jesús, comprometido con la transformación del sufrimiento humano, alimenta (la) espiritualidad y experiencia comunitaria para salir al encuentro del otro” (nº 91). Se trata pues de una fe madura que confía en la actividad servicial, humilde, y transformadora a cargo del conjunto del pueblo de Dios, y que desconfía en el poder de pocos y en soluciones superficiales. 

La agitación y multitudinaria protesta social chilena, desde mediados hasta fines del 2019, han condicionado la esmerada preparación y luego la novedosa realización del 2do Sínodo. Durante meses ha sido diseñada una secuencia: ver y escuchar (emociones), juzgar (razón), actuar (¿qué vamos a hacer?), y han sido acordados los procedimientos y encargados de cada paso a llevar a cabo en el segundo encuentro. (En lo cual han colaborado representantes de Concepción, Temuco, Chillán, Valparaíso, Santiago). El estallido social a partir del 18 de octubre (con sus fecundos antecedentes en movilizaciones estudiantiles, en acciones feministas, de jubilados, de diversas asociaciones) modificaron todo el caminar sinodal.

Obviamente la segunda Asamblea estuvo emocionalmente urgida por el acontecer socio-espiritual. Como ha sido expresado en su declaración conclusiva:

“Durante 2019 constatamos que el abuso de poder transcendía los muros de la Iglesia… traspasa a toda la sociedad chilena… y se contrapone a la dignidad que todas y todos tienen, por el hecho, primero, de ser persona, y luego por su condición de hijos e hijas de Dios… A esta segunda Asamblea llegamos con inseguridad, escepticismo, indignación y desánimo, y por otro lado, con la esperanza… de que el encuentro con la comunidad sinodal y la acción de la Ruaj nos permitiría retomar fuerzas, perder el miedo, discernir como Dios actúa en la historia personal y nacional” (DECLARACIÓN SEGUNDA ASAMBLEA, 2020).

En Concepción, el 4 y 5 de enero, 2020, se han congregado unas 120 personas, provenientes de varias regiones (Iquique, Antofagasta, Coquimbo, Valparaíso, Santiago, O´Higgins, Maule, Ñuble, Bio-Bio, Araucanía, Los Lagos, Magallanes). Han sido menos que el año 2019, aunque en el inicio del 2020 con muchísima voluntad de dar aportes esperanzadores, en medio de las protestas humanas y sociales en todo el territorio nacional.

Como había ocurrido en el Sínodo del 2019, también el 2020 se ha disfrutado y agradecido la confianza testimonial entre los/las participantes, y las convicciones de actuar desde el Evangelio y en la bella y ardua transformación histórica. Se trata de anhelos concretos que no están delimitados por circunstancias rutinarias y de poco valor; más bien son asuntos de inmensa relevancia concreta, porque a su modo señalan los bienes del Reino de Dios. En las Bienaventuranzas no se trata de detalles; muy por contrario, son asuntos de vida o muerte, alimentarse o carecer de pan, salud o enfermedad crónica. Se trata pues de clamar, anhelar, luchar, por la dignidad y alegría que hacen referencia a la esperanza -bien concreta y transcendente- que en lenguaje bíblico es llamada Reino de Dios. 

2.3 Regeneración eclesial

Las comunidades sinodales se han planteado: ¿qué rasgos tiene la iglesia que soñamos? En las respuestas prevalece la centralidad de Jesucristo, la eclesialidad servicial e inclusiva, el escudriñar signos de nuestros tiempos. Esto ha implicado una “fiel lectura del Evangelio y el querer hacer realidad, como Iglesia y como católicos, la misión de construír el Reino de Dios” (Sínodo 2019, nº 99). Implica ser un organismo comunitario con los pies en la tierra, en circunstancias ambivalentes y desafiantes. Son sueños que requieren un laicado autocrítico y audaz, a la altura de nuevas formas de “hacer iglesia” (nº 130). Los sueños conllevan pasos concretos y comunidades comprometidas.

Lo fundamental es ser discípulos/as, y confiar en el Señor, y no en idolatrías del poder. Así es forjada la iglesia de las bienaventuranzas (nº 105, es releído el mensaje de Jesús distanciado de poderes (nº 107) que afecta lo económico, ético, y las responsabilidades de iglesia. La misión de servicio es un “accionar orientado sólo por el Evangelio, Mt 25” (nº 112), que opta por pobres y excluídos, que es ecuménica, valiente en la denuncia y en el anuncio, y “agente de cambio y construcción de un mundo mejor” (nº 116). Claramente es impugnado el clericalismo y una desatención al pobre. Los sueños de servicio (nº 110 a 116) van de la mano con sueños de inclusión (nº 117 a 126). Se abren puertas y brazos a todos/as; se perdona y no se condena; se camina en comunidades. “Creemos en una Iglesia donde la mujer tenga amplios espacios donde participar en todos los niveles, en el rito, la palabra, la responsabilidad” (nº 119); una Iglesia horizontal y transparente, en que “la verdad sea un valor intransable” (nº 124); una Iglesia que hace cambios en “estructuras y procedimientos… y está atenta al soplido del Espíritu Santo” (nº 126).

En nuestros espacios eclesiales, a menudo son evocados los deseos más hondos de la humanidad. Asumiendo la ética de Jesús, y en especial las Bienaventuranzas, en la 2da Asamblea Sinodal se tomaron acuerdos sobre la soñada regeneración eclesial. Esto ha sido dicho en dos acentos o dimensiones en la praxis evangélica en el Chile de estos tiempos. La primera es “aportar al mundo social y político”. Esto tiene 5 aspectos:

“a- participación ciudadana y … surgimiento de una nueva Constitución que promueva vida digna para toda persona, b- protección efectiva de la casa común, c- organizaciones sociales y políticas, d- denunciar acciones contrarias a la justicia y dignidad de las personas, e- reparación para quienes sufrieron violencia” (fragmentos de DECLARACIÓN, 2020).

Con respecto al “mundo eclesial” el autoconvocado 2do Sínodo acuerda 7 líneas de acción (que a mi parecer también son portadores de sueños de una renovada eclesialidad):

“a- red laical autónoma que incida en la sociedad y en la iglesia desde los pobres, b- comunidades de base, redes territoriales, enfoque testimonial, c- justicia y reparación para víctimas de abuso eclesiástico, d- transparentar lo económico de la Iglesia, e- espacios laicales de compartir saberes, f- responsabilidades de la mujer en todas las instancias eclesiales, g- democratizar elección de Obispos” (fragmentos DECLARACIÓN, 2020).

De modo informal es difundido el escrito “Pacto para otra forma de ser Iglesia” (2020) que retoma hilos estructurales y simbólicos de los auto-convocados Sínodos Laicales:

“Somos laicas y laicos discípulos de Jesús y su Evangelio, inspirados por la Ruah y organizados para protagonizar la construcción de una iglesia de comunidades, como signo de la presencia de Dios en el mundo… siendo la iglesia un espacio colaborativo donde todos y todas somos iguales: hijas e hijos de Dios, y nos cuidamos los unos a los otros con justicia y amor al estilo de Jesús… (y) en la construcción de una iglesia sinodal” (RED DE LAICAS Y LAICOS, manuscrito, 2020).

Con respecto a principios, son explicitados los siguientes: red, sinodal, profética, servidora, diversa, inclusiva, horizontal, ecuménica, autónoma. Esta lista de términos tiene gran calidad y cordialidad, como al decir que la red:

“es una asamblea en camino, que anima la esperanza de hacer realidad la buena nueva de Jesús, que se compromete con la justicia y el cuidado del ser humano y su entorno, y que es alimentada por el Espíritu en una experiencia comunitaria al celebrar la vida” (RED DE LAICAS Y LAICOS, 2020). 

La urgencia de cambios socio-eclesiales marcó el Sínodo Laical a inicios del 2019; pero fue sobre todo lo ocurrido en los últimos meses de ese año lo que abrió los ojos de todos/as a urgencias impostergables. Gracias a manifestaciones pacíficas durante tres meses (en que millones principalmente han tocado cacerolas y marchado por las calles) se han consagrado frases como ´Chile despertó´ y ´estallido social´.  Sin embargo, horribles hechos de violencia (provenientes de varios sectores) han tergiversado el clamor popular y han escondido cambios urgentísimos. 

Como ha sido obvio, el autoconvocado Sínodo del 2020 no sólo ha reclamado cambios inpostergables sino que también ha subrayado la llamada integralidad el entretejido de clamores y de soluciones ante el malestar ciudadano. Como lo expone la Declaración (del 2020), el compromiso por una nueva Iglesia y por otro Chile posible, ya está desarrollándose. La liberación del mal se está manifestando, y es expresada así:

“hemos reconocido a Jesús en los rostros sufrientes que exigen dignidad y justicia: jubilados, mujeres, niños, inmigrantes, jóvenes, personas LGBT, subempleados precarizados, pueblos originarios, que exigen salud eficiente, educación de calidad, sueldos justos, economía solidaria… Hemos visto la expresión de una violencia institucionalizada a las que millones de voces exigen poner fin -Is 9,5-7” (DECLARACIÓN, 2020).  

Las claves éticas de Jesús han sido ofrecidas desde la perspectiva feminista, por Bernardita Zambrano, de la red Mujeres-Iglesia. Por otra parte, Antonio Bentué también ha incentivado los conversatorios grupales, exponiendo luces del Evangelio para lo vivido hoy en Chile y en la Iglesia. Ha sido valorado tanto lo de Bernardita como lo de Antonio para continuar sintiendo y actuando con fidelidad al Evangelio.  

3.  Iniciativas de mujeres-iglesia

En los autoconvocados Sínodos Laicales (2019, 2020) sobresalen propuestas y clamores de mujeres. Previamente había surgido Mujeres-Iglesia, y una gama de pequeñas iniciativas socio-culturales. A ello se suma la potente reflexión bíblica e innovación celebrativa. En estos últimos años semanalmente difunden “El evangelio que anunciamos las mujeres”, elaborado por personas laicas, dirigentes, biblistas, teólogas de base. También sobresalen modos de acompañamiento espiritual, instancias de sanación, renovada vida religiosa femenina, y, durante la dictadura el Comité por la Paz, el Movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo, la Vicaria de Solidaridad y, lo registrado por Soledad del Villar. Existen diversas iniciativas generados por mujeres, que impulsan cambios de fondo en lo socio-económico, eclesial, personal. 

En el caso de la red Mujeres-Iglesia en Chile, se han celebrado encuentros con participación de personas y grupos provenientes del territorio nacional. Los testimonios son cálidos y programáticos. Irene Cambias tiene dones especiales. Los escritos son breves. Se indican caminos de hoy y mañana. En 2017 la propuesta ha sido: Mujer ¿qué dices de ti misma? Esto ha incluído socializar incomodidad en la iglesia; con Carolina del Rio es conversada la teología hecha por mujeres, y las rutas de mujeres que creen en el Reino de Dios proclamado por Jesús. Se han congregado 84 mujeres de todo el país que difundieron su experiencia (MUJERES-IGLESIA, 2017). La liturgia, haciendo memoria de Jesús, ha cantado: ´Ruah, aliento de Dios en nosotras, Ruah, Espíritu de nuestro Dios´. En 2018 el lema ha sido ´El evangelio que anunciamos las mujeres´; han participado personas desde Iquique hasta Aysén, compartiendo la coyuntura de la iglesia chilena (luego de la carta del Papa a los obispos), y brotan aportes concretos de la mujer. Lucia Riba (de Argentina) resume el recorrido histórico y luego la hermenéutica feminista de la biblia; a continuación, la fiesta litúrgica convoca a ser luz, y desde el ser mujer, a continuar anunciando el Evangelio. 

Un tercer encuentro de 150 personas (realizado en Concepción el 2019) ha tenido tres ejes: creo en Dios Padre (animado por Carolina del Rio), creo en Jesucristo (dirigido por Krety Sanhueza), creo en el Espíritu Santo (motivado por Bernardita Zambrano). Son examinados el patriarcado que atropella la dignidad de cada mujer, y, los desafíos más de cara al presente. Las participantes se han hecho cargo de la crisis eclesial, y han confrontado errores doctrinales, clericales, abusivos. Se ha vuelto a sentir el ´empoderamiento dado por Ruah´. Esto es como un bautismo para la plena ciudadanía y es como don sacramental de la mujer. Se comparten testimonios cálidos, desgarradores, solidarios, esperanzadores.

“Muchas estamos en tránsito de salir y entrar en la Iglesia ¿por qué no imitamos más la comunidad de Jesús? … Estamos en un modelo muy clerical y patriarcal. Han escondido a Jesús … Es pequeña, vulnerable, fuerte, la semilla del reino y afecta la historia entera … Tengo muchas rabias. Hay una tensión entre lo que me enseñaron y lo que fui descubriendo … A través de las imágenes de María me he enfrentado con el machismo de la Iglesia … Nos infundieron el temor a nuestro cuerpo, crecimos con un Dios vigilante … Los hombres se han atribuido el poder de controlar la sexualidad de las mujeres. … Podríamos preguntar ¿dónde han dejado a nuestro Señor? Jesús iba con las mujeres … No pierdo la fe, pero me canso, me quedo sin lugar; pero la inquietud y necesidad de caminar con otros me hace regresar … Tenemos la responsabilidad de pensar nuestro papel como mujeres en la Iglesia … Ahora me abro a otros espacios, fuera de la iglesia parroquial; la estructura tradicional me agotó … Mi experiencia es que, cuando oro, estoy en el útero de Dios … Cuando empecé a hablar de Dios madre me veían como loca … Nos sentimos enviadas por Jesús tal como María Magdalena: dile a mis hermanos y hermanas que he resucitado y que me encontrarán en Galilea” (MUJERES-IGLESIA, 2017). 

En el terreno socio-espiritual, un retiro feminista es llevado a cabo el 2019 con setenta personas acompañadas por las teólogas Bernardita Zambrano y Soledad del Villar; una participante dice que ha sido un encuentro con Jesús que nos quiere poner de pie, en una Iglesia más igualitaria y humana, y que es una manera de hablar con y de Dios más de acuerdo con diversas experiencias de mujeres. Con respecto al pensar interdisciplinario y laical, Carolina del Rio (DEL RIO, 2011) y equipo a lo largo del año llevan a cabo programas teológicos y una gama de servicios: ´Un Camino. Teología para nuestra vida¨; a fin de sumarse y pensar la fe en la vida, y una eclesialidad innovadora. 

En los meses de protesta social, voces y pensamientos de mujeres cristianas se han difundido por redes sociales. Hubo semanales plegarias-protestas en la Plaza de la Dignidad (lugar de mayores concentraciones del ´estallido social´) y testimonios de la Coordinadora Paz de Justicia. Días después del masivo levantamiento (18/10/2019) Mujeres-Iglesia declara: Dios madre y padre protege a tu pueblo. Su comunicado es potente: falta mucho para que podamos compartir el buen vivir, la casa común, la vida en igualdad de hermanas y hermanos. Luego añaden: que la Ruah nos anime a mantener la escucha sabia y atenta, y la mansedumbre para acompañar, a mantener las denuncias proféticas por la justicia y contra la violencia de donde sea que venga, no perder de vista que Dios continúa dándonos su gracia, reconocer en medio de todo su Presencia liberadora. 

Maria Magdalena también ha suscitado celebraciones y convocatorias amplias (via YouTube). En contextos de pandemia ha sido llevada a cabo una genial y dinámica novena y ´Festival de Maria Magdalena Apostola de los Apostoles´, del 13 al 22 de julio del 2020. La convocatoria ha sido: “en María Magdalena celebramos a tantas mujeres que nos han transmitido la fe, que han liderado y servido a nuestras comunidades a lo largo de la historia pero que al igual que ella, han sido ignoradas e invisibilizadas”. Hubieron insumos especiales de mujeres de Coquimbo, de Santiago, Isabel Martinez, Karla Huerta, Sandra Muñoz, Blanca Costa. Así se ha orado al concluir: ´Maria de Magdala, a ti que un día fuiste olvidada, hoy te rescatamos en los nombres y rostros concretos, mujeres de nuestra vida cotidiana, cuyo testimonio es un canto a la vida y un aporte a la sociedad´. Conmociona el cantar y testimoniar con coraje, la mística terrenal y el confiar solidario.

4. Recapitulación

En la actual regeneración eclesial, que conlleva acciones mundiales y esfuerzos locales, están surgiendo buenísimas preguntas y potentes iniciativas. Lo eclesial ¿cómo es moldeado, y cómo confronta la trayectoria sociocultural latinoamericana? Con respecto a plurales formas católicas ¿qué impacto tienen imaginarios y prácticas humanas de ayer y de hoy? Abordar estas cuestiones es tarea de largo aliento. 

Se trata de un soñar y forjar rutas hacia adelante. Es admirable cómo personas del pueblo creyente superan la sumisión y son reanimadas por el Espíritu, y de modo especial se ve por como mujeres reivindican la dignidad de cada persona, impugnan el patriarcado, y crean espacios sapienciales y símbolos de fe. Esto se ha ido concretando, en el caso chileno, en vínculos y redes llamadas laicales (que a fines del 2020 proponen un “pacto para una nueva iglesia”), en autoconvocadas Asambleas Sinodales (en enero del 2019, en enero del 2020), y, en iniciativas como la red Mujeres-Iglesia (que a partir del 2017 tiene un alcance nacional). Son pequeños esfuerzos con monumentales implicancias socio-eclesiales y personales. Así lo indican hechos de vida, crónicas de quienes participan e interpretan eventos laicales (a lo que agrego mi lectura externa y empática).

Ha sido evocado el imaginario guaraní de la tierra-sin-mal, y también el contemporáneo estar-entre mundos diferentes (sabiduría andina, Kusch, Trigo, teólogas feministas). Asimismo, existen vivencias y lógicas de relativa autonomía, es reconstruído el existir marcado por procesos de migración, la interculturalidad ambivalente por ser a menudo asimétrica y a veces por ser simbiótica, a favor de la vida. Además, dado que la juventud es la mayor parte de la población, son replanteadas vivencias, modos de creer o de ser indiferentes. También resurge lo sapiencial, contemplativo, festivo. Además, se priorizan reformas eclesiales y prevalecen sintonías con las nuevas generaciones.

Tanto los documentos sinodales del 2019 y del 2020, como iniciativas de mujeres desde el 2017 hasta el 2020, visualizan un mapa de rutas emancipatorias en Chile, gracias a vivencias y voces del laicado. Sin idealizar estas propuestas, en el día a día motivan conversiones personales, modificación de estructura de poder, conexiones entre personas laicas y sus roles dentro de la iglesia y en el mundo contemporáneo, mayor responsabilidad y mística de la mujer, formación de todo el pueblo de Dios, poner fin a toda clase de abusos, no apartarnos del Evangelio. Es decir, regenerar lo eclesial por fidelidad al Espíritu.

Opino que la sinodalidad laical, y la insurgencia de mujeres-iglesia en Chile, son energías incipientes, son autocríticas, y tienen rasgos proféticos. Comunican una gama de exigentes cambios y de prioridades. Confrontan el mediocre ´hacer lo que uno quiere´, el improvisado caudillismo, la soberbia ´a la chilena´. Tales vicios se han infiltrado en espacios de iglesia. Lo crucial es cada itinerario realista, cada conversión al Amor, cada convocatoria local y universalmente católica. Son procesos de cambios simbióticos. 

En este sentido valen referencias al trasfondo ritual y sapiencial que hace revivir a cada pueblo. Es ejemplar, por ejemplo, la voz guaraní (como la indicaba el buen maestro Bartolome Meliá).

“Hay una tradición con la que tenemos que dialogar. Un pueblo originario… recibió de Dios una palabra que era una luz para caminar por este mundo. De hecho recibió muchas palabras… que ahora llamamos mitos… ¿Cómo cuentan los guaraníes esta búsqueda de la Tierra sin Mal? Es una tierra en la tierra, no algo en el cielo. La tierra es un cuerpo bello, en el cual los árboles son como su cabellera. Es maltratada y por eso está enferma; puede incluso morir. Es también un espacio económico; gracias al trabajo común es una tierra productiva. Se puede practicar la economía del don y reciprocidad, del jopóy, que quiere decir: manos abiertas recíprocamente. ¿Qué es el mal en la tierra? Todo lo que hace imposible la fiesta, la comunicación de dones, el diálogo entre personas”. (ENCUENTRO TEOLOGIA INDIA, 2004, p. 23-24) 

En el hablar guaraní (en Paraguay) el modo de ser es jopóy, que es acción recíproca con carácter económico y con convite festivo; y eso conlleva el potirô (un ´todas las manos a la obra´). Al ir terminando este largo ensayo, pido permiso al mundo guaraní, a fin de parafrasear su vivencia y poder retomarla aquí en Chile. 

La tradición de la Tierra sin Mal, siendo actividad socio-económica que incluye un convite festivo ¿qué puede incentivar en la actual situación eclesial chilena? Puede favorecer a que el pueblo de Dios siga poniendo manos a la obra y que ello conlleve un convite festivo. Me parece que este lenguaje simbólico es relevante para quienes desean caminar juntos (¡sinodalmente!) al acoger la cotidiana convocación que regala el Espíritu de Dios. 

Referencias bibliográficas

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ASAMBLEA INAUGURAL SINODO LAICAL, Documento de Trabajo. Santiago de Chilemanuscrito, 2019. https://www.sinodolaicalchile.cl/   https://www.sinodolaicalchile.cl/contacto

COSTADOAT, J. La iglesia todavía. Santiago: Editorial AUSJAL, 2014.

DECLARACIÓN SEGUNDO SINODO LAICAL. Revista Mensaje, n° 686, 2020, 45-46.  

DEL RIO, C. DEL PRADO, O. La irrupción de los laicos: Iglesia en crisis. Santiago: Ukbar, 2011.

El EVANGELIO QUE ANUNCIAMOS LAS MUJERES, y, NOVENA A MARIA MAGDALENA, en. www.kairosnews.cl www.facebook.com/MujeresIglesiaChile      

ENCUENTRO TEOLOGIA-INDIA. En busca de la tierra sin mal. Quito: Abya Yala, 2004.

FRANCISCO, Carta al pueblo de Dios que peregrina en Chile. Roma, 31/mayo/2018.Disponible http://www.vatican.va/2018/documents/papa-francesco_20180531_lettera-popolodidio-cile.html

FROMENT, C. ed. Afro-catholic festivals in the Americas. Pennsylvania: State University, 2019.

KUSCH, R. Pensamiento indígena y popular en América. Buenos Aires: Tierras del Sur, 2016.

MUJERES-IGLESIA. “Si queremos paz…justicia”, Mensaje, n° 686, 2020, pg. 41. 

ORTIZ, A. ed. Mitologias amerindias. Madrid: Trotta, 2012.

RED DE LAICAS Y LAICOS, manuscrito, Pacto para otra forma de ser Iglesia, 2020.

SILVA, V.G. DA. Orixás da metropole. Petrópolis: Vozes, 1995. 

Transformando la Iglesia – Índice: Alemán, Italiano, Portugués, Francés, Español, Inglés

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